Thursday, June 19, 2008

Nueva palabra en el idioma alemán

Como no puedo con mi genio de inventor y creador, he inventado una nueva palabra que de seguro muy pronto será incorporada al idioma del Dante (me refiero a Dante Glückosen, mi amigo alemán)

El asunto es así: hace unos días, me desperté con una palabra evidentemente germánica rondándome en la cabeza. Primero pensé que era una palabra suelta que quedó grabada en mi memoria a partir de la amplia variedad de lecturas que incorporo diariamente a mi intelecto, pero algo me decía que no. Después de analizar un poco la dicha palabra, lo llamé a mi amigo Dante y le pregunté de sopetón:

-Dante, ¿sabés que quiere decir “smorgelen”?

-No sé, no me suena, pero parece alemán, ¿no? ¿de donde la sacaste?

-Mirá, realmente no se - le contesté - pero creo que la acabo de inventar.

-Fijate bien, porque a lo mejor ya está inventada. Después me fijo en el diccionario.

Le agradecí, corté y me fui a ver mi propio diccionario “Español – Alemán”. Tal como lo supuse, “smorgelen” (pronunciar smorguelen) no figura en este diccionario por lo menos.

La siguiente acción fue buscar en los diccionarios que provee Internet, de seguro mas actualizados, y no aparece (por ahora) esta palabra. Después me puse en contacto con algunos amigos alemanes que pertenecen a Die Deutsche Real Akademie, y quedó confirmado: smorgelen no existe, pero, siempre hay un pero, para incorporarla al idioma hace falta que esta palabra tenga un significado.

Voy a seguir trabajando, porque, de hecho, la palabra está inventada, y mis amigos de la Deutsche ya están prevenidos por si algún vivo me quiere quitar el derecho de invención, y mi trabajo consiste ahora en asignarle un significado. Por supuesto que como argentino debería declinar el derecho de asignación de significado, dándole la posibilidad a un verdadero alemán para esta creación, pero desde ya les digo, alemanes o no, que de ninguna manera aceptaré significados obscenos o insultantes. Como creador de la palabra, reclamo para ella un significado no carente de belleza, y que realmente la transforme en una palabra útil y necesaria para todo el querido pueblo germánico.

Raymundo Soto, 19/06/08

Monday, June 09, 2008

LA PALABRA Y LA IDEA

El hombre de hoy es un hombre de palabra. De muchas palabras, a veces sin mucho sentido. La palabra domina al hombre, y la palabra casi siempre es solo información.
El mundo moderno es manejado en base a la información: el prodigio más importante de este momento, la computadora u ordenador, se basa precisamente en la ciencia informática. Lo que comúnmente llamamos hoy conocimiento, la más de las veces es mera información. Los medios son “medios de información”, y no se nos ocurriría llamarlos “medios de conocimiento”. La información es hueca, sirve solo para hoy, pero el hombre moderno no puede transcurrir sin ella, y muchas veces se le llama culta a la persona solo informada.
Esta información es superficial, y el hombre moderno también lo es, sin ser peyorativo, ya que ese es nuestro paradigma actual. Es superficial, porque toda esta información es de superficie, en más de un sentido. La información se almacena en los centros de memoria superficiales del cerebro humano tal como es ahora, en el neo cortex. El neo cortex es la última adquisición de la raza, y es el cerebro nuevo, el de mayor superficie, por ser la capa externa, y del que carecen los animales. Todos sabemos que el cerebro de las especies evoluciona, especialmente el de los mamíferos. El cerebro mas antiguo, el del instinto, el de pelear o huir, el llamado reptiliano, es la parte mas antigua. Aun subsiste, y de hecho maneja todos los procesos involuntarios del cuerpo, y resurge a veces con toda su fuerza animal y produciendo situaciones que nos pintan como primitivos. El cerebro intermedio, desarrollado en épocas menos lejanas de nuestra evolución, es el cerebro de la idea y del conocimiento profundo, espiritual, y de la conexión con la tierra y lo que llamamos ahora mitología de los pueblos. En esta etapa del desarrollo humano, en este cerebro, es más importante la Idea que la Palabra. La escritura ideográfica de las civilizaciones más antiguas es un ejemplo de ello, y nos es tan difícil interpretar esta escritura sin palabras por que no estamos precisamente imbuidos del paradigma de esa época. Se dice que una imagen vale mas que mil palabras, y yo digo que una idea es imposible expresarla con palabras, o por lo menos cuesta mucho, como me está costando ahora expresar esta idea.
El hombre a lo largo de su existencia emula la evolución de la raza a través de los tiempos: es así que al nacer y en sus primeros años, es más evidente el uso del cerebro primitivo, sobre todo por razones de subsistencia. A medida que crece, las partes intermedias del cerebro toman el timón, lo que explica la fantasía y el afán de jugar del niño pre adolescente. A con el paso del tiempo, el paradigma actual va dejando su huella, en el estudio, su vida de relación, el trabajo, y llega así a usar en forma casi exclusiva el cerebro mas nuevo, aunque muchas veces el cerebro reptiliano le agrega la cuota de agresividad e instinto de lucha necesarios para subsistir en este mundo todavía inhóspito. Sin embargo, llegando a su madurez avanzada, al hacerse mas reflexivo y contemplativo, maneja sus tiempos con menos premura, descubre que la vida es algo mas que lucha e información e instintivamente comienza a dejar la dualidad para vivir de forma mas sabia. Para esto, aprende a usar todo su cerebro en forma más relacionada y desaparecen de a poco los compartimientos estancos. No es casual que su memoria comience a fallar: la Idea pasa a ser más importante que la información. La Palabra es ahora más enriquecida, mas llena de sabiduría.
Por eso creo que la etapa que sigue en el desarrollo humano, es la unión de la Idea con la Palabra. De esta forma, la palabra dejaría lo hueco de si, o dicho de otra forma, desaparecería la dualidad en nuestra forma de ser y pensar, o dicho de otra forma, la palabra expresaría el conocimiento y no solo la información, o dicho de otra forma, dejaríamos de ser loros intelectuales expertos solo en el uso de la palabra, o dicho de otra forma, la Idea fundamental podría ser expresada.
El hombre de hoy usa predominantemente el hemisferio cerebral izquierdo, el funcional, el más apto para la matemática y las ciencias, particularidad que nos ha llevado al extraordinario desarrollo científico de la humanidad actual. Sin embargo, si aprendemos a usar el otro hemisferio (reaprender, pues el niño nace sabiendo el uso del derecho, solo que al crecer se le obliga a usar mas el izquierdo), que es el perceptivo, el de la fantasía, el profundo creador ancestral, junto con la combinación funcional del neo cortex con las capas mas antiguas y profundas, es posible que el desarrollo de la humanidad tome un nuevo rumbo, menos deshumanizado que el paradigma actual. Un nuevo paradigma en el cual lo humano, el amor, el respeto y la sabiduría sean lo más importante.
En todas las épocas existieron seres que usaron la magnífica herramienta del cerebro en una forma unitaria, no como partes separadas, y muchos de esos seres trascendidos hoy son llamados genios o profetas. ¿Sería posible que en un tiempo no muy lejano todos lleguemos a ser genios o profetas?

Cipriani, 07 y 08 de abril de 2008.

CUENTOS MAL-ENTENDIDOS

TRILOGIA DE CUATRO CUENTOS
MEDIO GRACIOSOS, MEDIO CONFUSOS
Y MEDIO NOSTALGICOS.

Escritos por el ignoto Adolfo Cipriani
mas o menos conocido por sus no menos confusas teorías cuánticas
sobre el espacio y el tiempo.

Primeros días de junio de 2008, anticipando la hecatombe.

(Edición propia de tres o cuatro ejemplares,
for indulgent friends only)



(1)

UNA BOVEDA PA LA TINA

Mí querida amiga:
En tantos años de conocernos nunca se me ocurrió contarte esto, porque en realidad ahora me parece una pavada, pero cuando me pasó yo era chico y me hizo sufrir bastante. Recién me desperté de la siesta justo pensando en esto, no sé por que, y decidí contártelo.
Unos 6 debo haber tenido cuando fue la cuestión, pero viste como éramos antes, no preguntábamos y si lo hacíamos nos retaban o nos contestaban cualquier cosa. Resulta que en una reunión familiar entré de repente a una de las piezas, y allí estaban, conversando en voz baja, mi papá y el tío José, un tipo medio intragable, muy compadrón y que encima no me daba mucha bola. Yo entré de golpe, te decía, y escuché que el tío le decía a mi viejo: “…y el asunto este de la bóveda pa la Tina…” Se callaron de golpe cuando me vieron, se miraron e intentaron hablar de otra cosa. Pero yo había escuchado, y se me grabó muy bien porque la Tina es mi vieja, y vieja hay una sola. Y yo sabía muy bien lo que era una bóveda, porque en el cementerio del pueblo solo los Marsilesi tenían una, que eran unos pobres diablos pero como un bisabuelo fue milico y estuvo matando indios allá por el sur, le correspondía.
Te digo que fue terrible, porque una bóveda pa mi vieja era porque seguro se estaba por morir. Para colmo, a los días la internaron, y yo lloré como nunca lloré en mi vida, salvo cuando me dejó la que te dije. Pero fijáte que a la semana la trajeron de vuelta, lo más pancha, y con un regalito para mí, que resultó ser el desgraciado de mi hermano, que como era gordito y bonito todos se dedicaron a él, y por supuesto se olvidaron de este que escribe. Al tiempo se dieron cuenta, cuando empezó la escuela y era atorrante y mal alumno, no como yo que a mi la maestra me quería mucho, que yo todavía existía, y me compraron un traje de lanilla para poder ir al secundario. Mientras tanto, mi vieja no se moría, y yo de a poco empecé a olvidarme del asunto, pero te digo que pasé algunos años de verdadero sufrimiento, por que mi vieja fue la única que nunca se olvidó de mí, aun con la llegada de mi hermano. En cuanto a mi tío, siguió asqueroso como siempre, y Dios lo castigo por hablador y mete púa, por que el Gustavito, mi primo (que nunca lo dejaron juntarse conmigo), a pesar de un montón de operaciones, todavía sigue gangoso. Ah, y la vieja, la Tina, mañana cumple 86.
Te mando un abrazo y perdonáme, pero tenía necesidad de contar esto.
El que siempre te quiere, Juan.



(2)UNA CASA PA LA CIEGA

Querida amiga:

Ante todo muchas gracias por contestarme tan rápido. Últimamente tus cartas escasean, pero no importa, por ahí llegan y me pongo contento.
No entiendo por que me decís que lo que te conté solo fue un malentendido, que si en la secundaria no estudié anatomía y no se que mas. La verdad me duele que dudes de mí: yo era chico pero estoy muy seguro de lo que le escuché decir al tío José. Y además los chicos siempre saben cuando los grandes se hacen los tontos para disimular lo que estaban diciendo.
Te explico por que no estudié anatomía: vos dejaste de venir al pueblo justamente por que te metieron en ese colegio de monjas, que tanto odié porque sabés bien lo enamorado de vos que yo estaba. Entre los recuerdos mas lindos de mi infancia están esos momentos que viví contigo, cuando te enseñé a pescar ranas, a usar la honda y a bañarnos desnudos en el recodo del río. Un solo beso me diste, y creo que fue la última vez que te vi, y ya te ibas para entrar en esa escuela. Yo, en cambio, con mi traje de lanilla, empecé el secundario, pero pronto tuve que dejar para ayudarlo a mi viejo en su trabajo en el campo de los Gómez, tus tíos. ¿Ves porqué no estudié anatomía, aunque no se que tiene que ver con lo que te conté?
Bueno, después volviste, casada con el doctor, con esos nenes rubios tan bonitos, y me saludaste como siempre, como si no hubiera pasado el tiempo. Pero ya no fue lo mismo, por supuesto.
Yo me casé, bien sabes, con la Negra, mujer brava y buena, pero después de un tiempo me dejó, tal vez por que yo no sabía anatomía. Ahora somos como amigos, y tenemos hijos grandes y lindos también. Ah, Saverio, el mayor, estudia medicina allá en tu ciudad. A lo mejor algún día se cruzan.
Volviendo a los malentendidos, parece que acá nos especializamos en eso. ¿Te acordás de la Trina, la viejita ciega que vendía yuyos? Bueno, una vuelta, en un asado de políticos, se la llevaron al intendente para que le pidiera una casita, porque no tenía adonde vivir. El intendente, gordo y con sus labios brillosos de grasa, la miro y murmuró algo como “bueno, veremos que podemos hacer…” Mas tarde, yo creo que bastante en curda, no lo escuché yo pero si muchos que estaban al lado de él, le oyeron decir “…yo tengo una casa pa la ciega…”. Te digo que nunca, en sus más de veinte años de intendente, cumplió su promesa. La cieguita se murió al final en un ranchito de barro que no se quien le prestó. Ese fue un malentendido, y de los buenos.


Bueno, mi querida amiga, te dejo por que el patrón nos quiere mandar a protestar a la ruta, por que sino nos quedamos todos en la calle. Nosotros, no él por supuesto.
Te mando muchos cariños, saludos a los rubios y al doctor, que ya se que no me traga pero en fin, con vos es muy bueno, me consta. Juan.



(3)

Mi querida amiga:

Esta vez me sorprendiste vos con tu carta, tan dulce y tan linda. Lamento muchísimo tu separación del doctor, pero bueno, vas a salir, como salí yo. Tus hijos son grandes y te van a ayudar, como me ayudaron los míos a en su momento.
Me preguntás porque deje de escribirte, por que dejé pasar estos años… y sí, hay una explicación. Resulta que empecé de golpe a sentirme medio bruto, y que podía hacer otras cosas más que arar campos ajenos. Acá pusieron el bachillerato nocturno y decidí terminar la secundaria. Me fue muy bien, anduve bárbaro en matemática y me descubrieron cierto talento para escribir. Y estudié anatomía, y me di cuenta lo ignorante que fui, que intentaste decirme lo que era una bóveda palatina, que su deformación congénita trae a veces problemas de dicción, etc. Y me dio mucha vergüenza y por eso no te escribí más. Por eso te agradezco tanto que hayas decidido escribirme y reiniciar nuestra amistad. También me di cuenta de lo que quiso decir el intendente con lo de “una casa palaciega”, pero en ese malentendido colaboró todo el pueblo, no fui yo solo. De paso te digo que el gordo este sigue de intendente, y que a su casa palaciega ya no sabe que arreglo o ampliación hacerle. Se compró de a poco todas las casitas de la manzana, las hizo demoler y tiene ahora una mansión tipo Hollywood.
No tengo pareja, contesto tu pregunta, y trabajo en el Banco Provincia. Me vino muy bien ser bueno en matemática. De vez en cuando quedo de gerente unos días, cuando el titular se va de vacaciones. Y le falta poco para jubilarse…
Yo tengo que ir a Capital por una entrevista con los editores de mi último libro, y es posible que me pongan un pequeño stand en la Feria del Libro, así que te invito que me visites allí, y por supuesto que podés venir al pueblo cuando quieras. De los Gómez no queda ninguno vivo, pero yo te puedo acomodar con alguna amiga o en el hotelito. Te juro que lo vas a pasar bien. Vamos a ir a recorrer los lugares en los que jugamos en nuestra infancia, y por que no, voy a besarte justo en el mismo lugar donde me diste ese beso que nunca olvido. Espero no abusar de tu amistad, pero somos grandes, libres, y por lo menos de mi parte, creo que nunca dejé quererte. (¿Porqué no me animo a decir “amarte”?)
En realidad me he animado a decirte estas cosas que te digo por que tu carta dejaba entrever tu deseo de verme otra vez. Espero no equivocarme esta vez. Te mando mi dirección de Internet, para que sigamos por E-Mail, y ver si podemos chatear hasta que puedas venir o hasta que yo vaya a Capital.
Un abrazo y un beso de tu amigo (por ahora) que te quiso mucho y te quiere ahora mas. Juan.



(4) Carta epílogo.
Mi muy querida amiga:

Me decís que no hace falta que conteste tu notita, pero quiero hacerlo.
Puedo entender perfectamente que solo “me apreciás” como amigo. Puedo entender que tengas un nuevo compañero (¿abogado, me decís?) Claro que entiendo todo, cuando me lo explican. Y está bien, no lo sientas por mí. Sabés que ahora que mi vida cambió tanto, y por ahí en las revistas especializadas hablan de mí como de un intelectual, me doy cuenta de que algo no cambió. Es algo que traje de cuna, o es karmático, o a lo mejor no lo quiero cambiar, y es esa inocencia que me acompaña siempre. Soy un mal-entendido, o mal entendedor más bien, y veo cosas que a lo mejor solo existen en mi imaginación. Si mi imaginación no fuera tan frondosa quizá no sería escritor. Y lo que quiero decirte, es que en tu carta anterior, tan dulce y tan linda, quise entrever lo que no es. Cariño y nostalgia, me decís ahora, te hicieron escribir esa carta. Y tristeza también, digo yo.
Y está bien, es perfecto así como son las cosas. Todo va estar bien con tu abogado, te lo deseo de corazón. Por mi no te preocupes, también voy a estar bien. Siempre estuvo bien, y seguirá bien.
Sí lamento que no hayas ido a verme a la feria del libro, a compartir mi alegría de ese momento. De cualquier manera, lo mismo te envié un ejemplar de mi libro a tu dirección. Creo que no es malo, pero si no querés leerlo, no lo tires. Simplemente olvidátelo en el asiento del subte, o en un taxi. De esa forma llegará a la persona adecuada, estoy seguro.
Quiero compartir contigo una historia tal vez tonta, pero para que veas que es cierto lo de mi inocencia. Sabés que cuando la Negra me pidió que me fuera de casa, me preparé una valija (que después se la devolví) con mi ropa y algunos libros. Me lleve una camita que fue de los chicos y muy poca cosa más. En el momento en que la Negra me vio preparando la valija, en una especie de arrebato, sacó un toallón nuevo, el más nuevo que tenía, y me lo puso con mi ropa. Y me emocioné, y me vuelvo a emocionar cada vez que me acuerdo, por que lo vi como un gesto, como un regalo de despedida, como si me hubiera dicho “ya no te quiero, pero alguna vez te quise mucho y este regalo representa eso.” Es algo absurdo, por que en medio del rechazo, el dolor del momento y todo lo demás, me sentí tan agradecido por ese regalo. No sé por que te cuento esto, que nada tiene que ver contigo. Quizá sea para que veas lo mal-entendido que soy.
En el pueblo todo sigue igual. Todo no, perdón: el gordo ya no es más intendente. Ahora es senador nacional, después de las últimas elecciones. Seguramente desde allí podrá ejercitar sus dotes altruistas con más efectividad.
Esta es mi última carta, por razones obvias. No te invito que vengas al pueblo por que me mudo a Capital. Es por cuestiones de trabajo, no es para molestarte. Y si nos cruzamos algún día, nos saludaremos como viejos amigos que somos.
Con todo cariño, te saluda tu amigo de siempre, Juan.

P.D. El libro que te envié no lleva mi nombre. Figura como autor Adolfo Cipriani, que es mi seudónimo. Alguna vez te contaré por que elegí ese
nombre. Solo puedo adelantarte que fue por un malentendido.

Friday, June 02, 2006

CROMOSOMAS (Cipriani se puso serio)

En el desarrollo del feto humano, este pasa por diversas etapas que reflejan la evolución del hombre. El feto tiene en sus comienzos branquias, cola y membranas interdigitales, residuos ancestrales de nuestro origen acuático. Esas características van desapareciendo, o un órgano es reemplazado por otro, como es el caso de las branquias. Todo este proceso se desarrolla en un medio totalmente acuático, el líquido amniótico. Este proceso no incluye, que yo sepa, plumas o cuernos que nos emparenten con aves o dinosaurios, aunque si compartimos, aun desarrollados y fuera del ámbito uterino, algunas semejanzas con saurios y reptiles, como son los cinco dedos de pies y manos y similares articulaciones en brazos y piernas, como así también la misma cantidad de huesos en esas extremidades. Todo esto, mas que curioso, demuestra la existencia de un plan evolutivo diseñado por una inteligencia de alcances inimaginables. El cromosoma humano es el responsable, entre miles de funciones, de que estas características se transmitan a nuestra descendencia, no en forma de clon, sino con la creación de un sello personal para cada ser, y esto se comparte con el resto de los seres vivientes (de este mundo por lo menos). En el cromosoma, en cada uno de ellos, de los millones que hay en cada una de los millones de células de un ser vivo, está escrita nuestra historia evolutiva, con todos sus pormenores, como un reaseguro de que si en el universo quedara solo la última célula viva de un ser humano, de esta podría surgir todo el maravilloso proceso creativo, en todas sus etapas, de esta maravilla que es la vida en nuestro planeta, y quizá en todo el cosmos.
Ahora bien, cada cromosoma tiene una completa memoria de lo que fue nuestro pasado, pero ¿tiene una memoria pormenorizada de lo que será nuestro futuro como raza humana? Hay una gran cantidad de cromosomas que nuestra ciencia actual aun no les encuentra significado: ¿está escrito en ellos quizás todo el futuro de nuestra raza, hasta el desarrollo final de una súper raza? ¿estará escrito nuestro paso a organismos menos densos, nuestro desarrollo como seres espirituales o bien, por que no, el fin de esta raza tal como es o su desaparición definitiva?
Estamos viendo, la ciencia lo reconoce, la venida al mundo de cada vez mas niños de los llamados “índigo” o “cristal”, seres que sin ninguna duda traen consigo cambios genéticos de suma importancia, y también cambios espirituales, o por lo menos una nueva concepción de la vida humana, muy distinta a lo que hemos visto hasta ahora.

Cada célula de cada ser vivo tiene inscripto en su mapa genético la fecha, la hora, el segundo, quizás, en que su vida ha de terminar (salvo accidente, supongo, pero no estoy seguro…). No dura lo mismo una célula ósea que una célula de la mucosa del estómago, que son de rápida reproducción por la misma agresión del medio. Las células que formaban esos órganos primitivos del feto, no se esfuman, no se pudren, no contaminan: en el momento justo, suspenden su vida a través de un proceso de autoeliminación, son fagocitadas por los glóbulos blancos y cualquier resto es absorbida por células vecinas. Este proceso se llama”apoptosis”. Asimismo, hay una reposición permanente del cuerpo de todo ser vivo, a través del citado proceso. Dice el Dr. Deepak Chopra que la muerte da paso a la vida: nuestro cuerpo está muriendo permanentemente para que podamos seguir vivos. Cualquier intento de hacer inmortal a la célula, nos llevaría a una especie de momificación. También, dice Chopra, (y cualquier tratado sobre la célula) que las únicas células que no mueren por el proceso de apoptosis, ya que carecen de la química necesaria para ello, son las cancerígenas y las de algunas otras pocas enfermedades. Estas células, en su afán de proliferar y eternizarse, provocan la muerte. Que paradoja.
Adoplfo Cipriani, 29/05/06

Monday, April 17, 2006

En el justo centro

Estás en el justo centro. No hay nadie contigo, y no estás solo.
Estar en el justo centro es estar a salvo. Nadie mas que tú puede estar allí, nadie mas que tú puede llegar hasta allí. Las hordas quedan afuera, desconcertadas; una valla infranqueable, incomprensible, les impide llegar. La maledicencia, el odio, la envidia, todo queda afuera. Tú, solo tú, que no es poco, estás en el centro, el justo centro. El torso recto, la mente sin ruido, en paz, en felicidad, en contacto, completamente a salvo. Terremotos, maremotos, gritos, golpes, ruido, todo el ruido, están afuera, no te encuentran porque no saben a quien buscan. Tú estás solo, en el justo centro.
Una vaga sonrisa se dibuja en tu rostro.

A. Cipriani.

Wednesday, March 22, 2006

La Higuera del Cabo

Eran tiempos navideños, pero Miceas llamó a su gente para salir en la barca a pescar, como todos los días. Eran tiempos duros, y nadie podía permitirse un descanso, ni aun en navidad. Si bien el cielo estaba claro, el viento frío lo hizo pensar en tormenta. Pero no era cuestión de achicarse y perder el día por un tonto presagio.
El cabo de la higuera se erguía, ominoso, y marcaba el lugar por donde debían pasar para ir a mar abierto. Justo en la punta, solitaria, la higuera marcaba el vértice superior. De día había que pasar con mucho cuidado, pero de noche, las grandes olas y piedras puntiagudas eran la causa de muchos naufragios de pescadores que se habían retrasado.
Pasaron con mucho cuidado, y ya en mar abierto se dirigieron a la zona de pesca. Encontraron un gran cardumen, y estuvieron tirando y recogiendo la red todo el día.
–“Volvamos ya, muchachos, que hay nubes negras por allá”– dijo Miceas.

La tarde estaba avanzada y un fuerte viento se comenzaba a sentir. Luego de enderezar la cargada barca, y a fuerza de golpes de timón y cambiar la posición de las velas, lucharon trabajosamente contra el viento. La barca bailoteaba entre olas cada vez más fuertes, y el cielo se ponía cada! vez más oscuro. “Tenemos que llegar al cabo con algo de luz, sino estaremos perdidos”, pensó Miceas sin decir nada a sus hombres. Pero se fueron retrasando cada vez más. Quizá la tormenta no era tan fuerte como para hacerlos naufragar, pero sí les produjo un retraso muy grande.
Cuando llegaron a las cercanías del cabo, la noche y la tormenta teñían el cielo de una negrura impenetrable y pastosa.

–“¿Estaremos cerca del cabo?”–preguntó uno de los pescadores. Miceas no contestó, y con sus ojos trató de taladrar la oscuridad.
–“Vaya uno con la pértiga a la proa, por si llegamos a las rocas”– ordenó.
El viento había amainado, lo que les permitía navegar más lentamente. Pero en ese lugar el peligro eran las rocas y el oleaje que producía la rompiente. De pronto, un grito: “¡miren la higuera!” Todos miraron y vieron claramente la higuera, allá en lo alto, iluminada intermitentemente por una luz que emanaba de los higos que colgaban bamboleados por el viento. Inmediatamente corrigieron el rumbo y salieron de la zona de peligro. Entre exclamaciones de “¡milagro! ¡El niño Dios nos ha salvado!” llegaron al pequeño puerto. Las mujeres y los hijos de los pescadores aplaudían, y estos contaban entre sollozos lo sucedido. El cura ortodoxo organizó un rezo general y una procesión con velas y antorchas, para certificar el milagro, y luego, casi de madrugada, terminaron la noche tomando vino y festejando la Navidad.

Mientras tanto, allá en lo alto del cabo, el anciano Albarda se levantó y antes de calentar agua se dirigió al cobertizo del grupo electrógeno. Había previsto que se detuviera solo, pues le había colocado combustible para dos o tres horas, pero se sorprendió al encontrarlo funcionando todavía. Lo detuvo, y luego se dirigió a la higuera, allá en lo alto. Llegado que hubo, se puso a sacar, ayudándose con una escalerita, la magnífica guirnalda de navidad que le compró al árabe que todos los meses le acercaba mercadería en su burrito.

–Es un milagro–se dijo Albarda– que justo el árabe me trajera lo que tanto ansiaba. No tengo pino, pero la higuera se veía hermosa anoche.
A. Cipriani, 19/03/06.

Monday, March 20, 2006

Cuentos de Higueras 3

El Aniceto escuchó en el bar del pueblo que esa noche, justo a la medianoche, se iba a aparecer, como todos los viernes, el mismísimo diablo en la higuera de la loma. Cerca de las doce, sin decir nada se escabulló sin que nadie lo viera. Pasó por su casa, agarró una botellita de vidrio y se fue para el lado de la iglesia. Como en todos los pueblos, tenía sus puertas sin! llave. Entró y se dirigió decidido a la fuente de agua bendita. Con sus manos y como pudo, lleno la botellita. De allí salió presto en dirección de la loma. Un senderito lo llevó hasta la cima, y allí, con el contraluz de la luna llena, vio la higuera, y apoyado en la misma, con las piernas cruzadas, al horrible diablo, con sus pezuñas y cuernos relucientes. El Aniceto apuró el paso, y sin mediar palabra, se acercó y arrojo con fuerza el contenido de la botellita en la cara horrible del demonio. Este, sorprendido, atinó a decir “¡estúpido!”, y a continuación agarró al Aniceto con fuerza bestial, le bajó los pantalones y lo sodomizó bestialmente.
El Aniceto reaccionó cuando la luna se ocultaba en el horizonte, casi de madrugada. Muy confundido, se fue a su casa, y trató de dormir pero no pudo.
Ya de día, se levantó y se fue a la iglesia. Pidió hablar con el padre Ángel, y le contó lo sucedido. Este le dijo que rezara 100 avemarías y que todo estaría bien.
A la noche fue al bar y le contó lo sucedido a su amigo mas íntimo, con la cláusula expresa de no contarle a nadie. Se volvió temprano a su casa. Tampoco pudo dormir. Nervioso, y como obedeciendo a un llamado, se levantó un poco antes de la medianoche, agarró la botellita y se fue para la iglesia. Encontró seca la fuente de agua bendita, y entonces se fue a la plaza y llenó la botellita con el agua del bebedero. De allí se fue presto para el lado de la loma. Estaba más oscuro que la noche anterior, pero llegando casi, se encontró con una fila de personas que hacían cola en el caminito a la higuera. Se acercó más, y recién allí distinguió quienes eran: primero que todos, estaba el cura. Lo seguían dos de los monaguillos más viejos, después su amigo y luego el dueño del bar. Todos con su respectiva botellita.
A. Cipriani 17/03/06

Cuentos de Higueras 2

En un pequeño país de medio oriente, el Califa se hacía preparar un licor, fuerte y dulce, con los higos de cierta higuera de su jardín. La noche que se embriagaba con ese vino, poseía, una por una, a todas las esposas de su harén.
De África oscura le enviaron de regalo una hermosa mujer negra, con la cual no se entendían de palabra. Una de esas noches de desenfreno y licor de higos, hizo el amor con la mujer negra tantas veces como mujeres tenía en el harén. De esa cópula nació un hijo, negro también, fuerte, altivo y despiadado. Cuando este hijo tuvo edad suficiente, mató a su padre, el Califa, y tomó él mismo el mando de ese pequeño país.
El nuevo y negro Califa también se embriagaba con el rojo vino del amor, y tenía también esas noches de amor desenfrenado. Pero un día le entró el temor de tener un hijo que a su vez lo matara, y entonces mandó al jardinero a hachar la higuera.
Desde la ventana de su alcoba miró como el jardinero se dirigió, con un hacha al hombro, hacia el lugar de la higuera.
Cuando el jardinero le pegó el primer hachazo a la planta, el Califa sintió un sorpresivo dolor, y vio aterrorizado el borbotón de sangre que manaba de la herida, un hachazo en su vientre.
Sus sirvientes lo encontraron, muerto a hachazos, en un charco de sangre, y nunca pudieron darle explicación al hecho.

A. Cipriani

Cuentos de Higueras 1

Fidias observaba la higuera llena de higos maduros, y le pareció, en la penumbra del atardecer, que los higos latían acompasadamente y al unísono.
Cortó uno, lo sintió temblar en su mano, y lo peló con mucha delicadeza. Adentro, debajo de esa piel blanca, un pequeño y rojo corazón latía fuerte y rápido.
Las gentes del lugar cortaban los higos y se los comían sin mirarlos casi, y hacían dulce, y los dejaban secar para frutas secas y hasta se los daban a los chanchos.
Solo Fidias, cada vez que pelaba uno de esos higos, encontraba un rojo corazón palpitante.

A. Cipriani

Wednesday, March 15, 2006

Antiguo Método Laparoscópico

Los brujos (chamanes) de la tribu amazónica caá-gata, Ecuador, realizan desde antiguo operaciones laparoscópicas utilizando un ave poco conocida de la zona, el ambiguá. Esta ave posee un largo pico, que es justamente la cualidad usada por los brujos para realizar este símil laparoscopico. Estos chamanes, ante la presencia de pacientes con cálculos biliares o renales, tumores pequeños u objetos tragados o introducidos por diferentes vías, entran en trance ingiriendo unos hongos que crecen en la corteza del árbol mingareta, árbol que casualmente es el que usan los ambiguás para hacer su nido. Luego de entrar en trance, el brujo se posesiona del pájaro, o sea que su espíritu ingresa y toma el mando en el animal, y de esa manera introduce su largo pico en el orificio previamente hecho en el paciente, o por alguno de sus orificios naturales, y realiza la operación sin traumas y sin prácticamente ningún problema post-operatorio.
Médicos de la Universidad del Negocio Redondo, de Oklahoma, han llevado los hongos, un árbol mingareta y una pareja de ambiguás y han tratado de realizar estas operaciones en USA, pero por alguna razón desconocida todavía, las operaciones les salen para el orto, aunque los agujeros que usan para las mismas sean otras vías. Se piensa en que las motivaciones de estos médicos y las de los chamanes podrían ser algo distintas, lo que produciría este descalabro. Seguirán los estudios, en la medida en que latinos y negros se presten para la experimentación.

Recopilado por A. Cipriani, 15 de marzo de 2006.

Friday, March 03, 2006

La historia de Pacheco

Cuentan los antiguos habitantes de esta zona, que cuando Don Gervasio Pacheco era el propietario de estas tierras, tuvo un amorío con una de sus criadas. De ese amor furtivo nació una hermosa niña de piel morena y ojos color cielo. A los cinco años de nacida la niña, hubo algunas vacantes que cubrir en el gobierno y como el hecho de tener otra mujer podía complicar las aspiraciones políticas de Don Gervasio, el desalmado patrón mandó a asesinar a la niña y a su madre. Juan, el matón encargado de hacerlo, mató primero a la madre pero cuando iba a hacer lo mismo con la niña, su temperamento flaqueó, sus manos temblaron y ni siquiera pudo mirarla a los ojos. Entonces la encerró en una tapera a la orilla del molino del norte, y dijo a todos que ya había cumplido su cometido. La cuestión es que todos los días, antes del amanecer, se llegaba a la tapera para acercarle alimentos, ropa y todo lo que ella necesitara. Luego, por la tarde, cuando caía el sol, se acercaba nuevamente a la infame prisión donde estaba la cautiva y oía los cuentos que ella le inventaba. Muchos años pasaron de este modo, ella encerrada y él su única visita. La salud de Don Gervasio era cada vez más frágil y la hora de su muerte era esperada por muchos que querían verse liberados de su yugo. Fue así que una hermosa mañana de octubre, el dueño y señor de las tierras y las vidas de quienes vivían sobre ellas, amaneció pálido como la nieve y más duro que una piedra. Todos los peones y sirvientes festejaron y, dados por libres, salieron a buscar aventuras, nuevos trabajos y nuevas vidas. El grupo de matones que protegía a Don Gervasio se disolvió y cada uno de sus integrantes encontró rápidamente algún otro pez gordo a quien escoltar. Excepto Juan, claro está, que se casó con una hermosa mujer de piel morena y ojos claros a la que nadie había visto en el pueblo, pero a la que muchos creían conocida. Vivieron modestamente en un rancho cerca de Benavidez, cultivando maíz y criando algunos animales. Tuvieron muchos hijos que los ayudaron en las tareas del campo y que, cuando caía la tarde, se juntaban alrededor de la salamandra y oían las historias que su madre les contaba.

Ivonne de Bayton

Dimensiones

Elismae de Antioquia pensó que el tiempo era una línea que iba del pasado al futuro, pasando por el presente, cualquiera fuera el lugar en donde este se encuentre. El presente, para Elismae, era como una tajada de queso cortada en esa línea: de esa forma escucharíamos siempre la misma nota musical, veríamos siempre el mismo cuadro, eternamente, quietos en la quietud, como una estatua inalterable. De ahí deriva que el presente seria un contínuo de tajadas, lo que nos permitiría escuchar la melodía completa y ver el cambiante pasaje de nuestro transcurrir, tal como la sucesión de cuadros de una película nos provee la ilusión de movimiento. Tal presunción nos aleja de lo real o tangible (el presente sería d! e tal forma algo inasible, pues cada vez que comienza, termina para dar paso a la siguiente tajada o cuadro de película). De esa forma, lo único real sería el pasado y el presente, que estarían quietos y comprobables. Pero tampoco es posible, pues si a cada momento el presente se modifica dejando atrás un cuadro o tajada, esto modificaría permanentemente este pasado, y de la misma manera, al ir arrancando tajadas o cuadros al futuro, este también se modifica, lo que los pone a ambos, pasado y futuro en el mismo móvil lugar del presente, y por lo tanto, inexistentes. La única explicación que encuentra Elismae a esta teoría, es que nosotros, ni nada de lo que existe, existimos realmente, lo cual nos lleva al teorema de Andrade el cojo que resuelve para siempre, si “siempre” existe, el problema de la no existencia de lo existente.
El teorema de Andrade demuestra la existencia de un “tiempo”, si lo podemos llamar así, integral o total, en el que todas las cosas suceden al unísono: el principio, el fin, el Alfa y el Omega, arriba, abajo, donde los cuatro puntos cardinales son uno solo y no lo son a la vez. La percepción de este conglomerado no le es posible al mortal común en el estado corriente de vigilia, dados los elementales o demasiado simples elementos perceptivos del cuerpo humano, siendo la única forma posible de comprensión la línea de tiempo tal como lo pensó Elismae, y con esto volvemos al principio. Volver al principio, empezar otra vez, nos hace pensar en una teoría del tiempo circular y no lineal. Pero esto sería tema de otro artículo.

Gerard le Coc

Interregno

Quise usar el interregno infértil del pensamiento y de poco me sirvió. Imité como el mono, negué el instinto, aprendí de mis padres todo lo que no sirve para criar a los propios hijos, fui a la escuela, y a pesar de mi rebeldía algunas cosas me enchufaron. Por suerte, para no aburrirme mientras no le daba bola a la maestra, dibujé cuadernos enteros, lo cual a lo mejor me cultivó algún temperamento artístico. Como nunca estudiaba, aprendí bastante a versear y también para mejorar el alicaído promedio de notas, aprendí mucho (solito) a manejar el lenguaje escrito, con lo cual hasta ligué algún premio. Era gordito, por aquellos tiempos, no esbelto como ahora, y sin nada de espíritu competitivo, así que en educación física no me ponían en los equipos de fútbol, y descansaba mie! ntras todos los otros corrían como condenados. De esa manera aprendí sobre la vida de las hormigas y del canto de los pájaros, y me hice contemplativo.
Gracias a las revistas de historietas, que leía desesperado, me aficioné a la lectura, ya que de las revistas pasé a los libros. Leí de todo, desde novelitas de conboy (léase cowboy) hasta el libro de doña Petrona, pasando por las obras completas de Sigmund Freud y algunos tratados de ginecología. Grandes pasiones de aquellas épocas fueron la mecánica de autos y motos, la fotografía y luego la electrónica. A esta última me acerqué porque quería un buen equipo de audio, y me propuse construirlo, pero mientras mas estudiaba mas pretensiones tenía. Al fin pude armar un equipo de High Fidelity, que hoy, en manos de mi hijo mayor, sigue funcionando perfectamente, después de 25 años.
Pero vuelvo al principio. En la escuela no pudieron hacerme estudiar, pero después estudié solo, o sea que el mal se había apoderado de mí, a pesar de todo. Como sabía mecánica, cuando se me descomponía el auto hacía un análisis de la situación, seguía circuitos y desarmaba para revisar a ver si descubría la falla, (como hacen los doctores cuando operan para ver que hay adentro). Pero hete aquí que el mirón de turno me observaba y de entrada me decía: “seguro que es el destrombolador del piricolote de ignición”. Por supuesto era un bolú que no estudió lo que yo, así que seguía la rutina incólume. Después de desarmar el 78% del vehículo, perder arandelas y tuercas, des! cubría que la falla estaba en el citado destrombolador. Esto al dia siguiente, porque la noche me había agarrado lleno de grasa y mugre y cansadísimo. Ese es el mecanismo del pensamiento y también el mecanismo de las computadoras. El otro, el bolú, no pensó. Ahora estoy tratando de no pensar y cortar camino, como el bolú, pero usando el espacio vacío que va quedando a medida que olvido todo lo que aprendí en su momento. Entrar en el vacio, que le dicen.
Uds. dirán, entonces, que me quiero transformar en un bolú. No es lo mismo. El bolú nació así, sigue así y no sabe por que es así, y si no cambia algunas cosa, se muere así. El vacío del bolú es un vacío pequeñito, que le permite, con suerte, conectarse a veces con el arriba, y en forma inconsciente.
Yo pretendo la conexión voluntaria e inteligente que me permita recorrer el camino mas bello entre el problema y la solución, y si de algo me acuerdo de lo que aprendí, comprender en el momento de la Revelación el porqué, el como y el cuando, para luego agradecer.

A. Cipriani

El trastocador de palabras

El inventor no encuentra la forma, pero tiene la IDEA. El inventor también es poeta, y maneja la PALABRA, a veces bien, a veces mal, y sabe que la palabra hiere y que la palabra acaricia. Pero el inventor también es sabio, y sabe que la palabra que hiere tiene escondida la caricia, cuando los enamorados pelean, y que la palabra que adula tiene escondido el odio, cuando conversan los políticos.
Pero al inventor no le interesan los políticos. Como también es poeta, solo le interesan los enamorados, y por lo tanto quiere que su trastocador de palabras solo sea para ellos. Él quiere un aparato transductor de la palabra que trastoque el sentido de la misma antes de que llegue a destino. Aun no tiene claro si el trastocador se colocaría en la boca que dice o en el oído que oye, o una combinación de ambos para mas seguridad. Cuando uno de los enamorados le dice al otro “te quiero”, el trastocador, como es automático, deja pasar tal cual la frase. Pero cuando aquel dice “te odio, sos un tonto de capirote”, el trastocador traduce “Te amo, te amo tanto que todo lo que hacés y decís me parece maravilloso”.El inventor cree que su invento puede derivar de un dispositivo externo, que solo tiene que ver con el aparato de fonación, a algo interno, como ser un chip colocado dentro del cerebro de cada enamorado, que le impida decir cosas sin meditarlas suficientemente y, asimismo, que al escuchar, su chip encuentre el sentido verdadero de la frase oída. El inventor piensa que de encontrar los elementos adecuados para fabricar los citados trastocadores, podría contribuir grandemente a que las parejas fueran más duraderas y que los matrimonios no se separen.
Pero el inventor no descansa, y ya tiene otro proyecto, que consiste en un aparato mágico que funcionaría cuando los trastocadores se vieran rebasados. Este aparato debería ser muy mágico, para que cuando la mano se levanta para pegar al otro, solo lleve una caricia, o mejor aun, una flor.
Yo, que no soy inventor ni poeta, ofrezco mi cerebro y mi cuerpo como conejillo de indias, para ser el primero en gozar de estos adelantos.

A. Cipriani